La luz que entra por la ventana y traspasa la finura de los párpados. Los sonidos difusos y los olores a verano y clorofila. La mañana, el revivir y el ansia de café. Abrir la mente y estirar los brazos; poner en marcha los sentidos y encender el corazón. Dejar atrás las pestañas en bancarrota de promesas. Soñar un nuevo día, pitar los marcos y besarle todos los vértices a la vida. Sonreír aún en vigilia; no quitarse el pijama para volar. Sentir la suavidad y el calor de las sábanas, la dulce rozadura de la piel desnuda y la tela. El vello de punta. Suspirar, intento de risa, y girar. Bostezar y,
finalmente,
despertar.
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