domingo, 21 de febrero de 2016

remitente.

Esto es una carta de soledad.
Sin nombres ni fechas, porque la soledad no tiene a quién escribirle.
Tampoco tiene quien la llore.
Esto es una despedida, un punto y aparte con complejo de final. La cordura que mató al loco. La cuerda con la que se ahogan los suicidas.
Esto es una nota, con manchas de tinta dulcificadas por la piel del papel. Hidratada por la lágrimas del escritor.
Esto es un adiós,

una palabra que no determina un tiempo (y por eso duele).
Esto es un intento de grito, una llamada de emergencia, una llama que no es que queme, es que enamora. Un idilio para los incautos.

Esto es mi epílogo,
narrado al principio de mi vida.


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