Me dijo que era inalcanzable.
Yo pensé que, en realidad, quería decir que era insaciable.
La vi jugar con los anillos de su mano izquierda; mirar perdida la longitud de la barra y buscar refugio en el fondo de su botella. Antídoto del dolor.
Despacio vierte el líquido entre sus labios.
Se humedecen,
las luces se atenúan.
Huele a tabaco y Channel.
Se gira, mira, busca, huele.
Cierra, traga, bebe.
Es un ángel que no duerme.
—Soy inalcanzable.
—No, preciosa. Eres insaciable.
Sonrió satisfecha.
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