miércoles, 22 de marzo de 2017

Cree en ti.

Juega a ser bailarina de puntillas entre blanco y negro. Hace equilibrios en el pasillo, la madera crujiendo bajo su ritmo, al borde de las sombras. A sus pies, el cielo se ve pequeño, y el techo infinito. Tiene los ojos llenos de determinación, y se muerde el labio inferior como un niño que tiene que aguantar la risa en un momento serio. Es un león enjaulado en la inocencia de la presa.

Danza y deja volar los brazos en remolinos alrededor de su cuerpo. Hace una reverencia protocolaria, y luego comienza una revolución fuera de toda métrica. A ella nunca le gustaron las barreras, siempre le pareció que la luz ha de entrar a raudales, que las cortinas tienen que bailar a la orden del viento y que los paraguas están sobrevalorados. Que la vida viene del agua bailando sobre la piel, ahogando las penas del alma y limpiando las heridas de la superficie. Que la naturalidad todo lo cura; que no hay nada más real que las fantasías y que la felicidad viene de los sueños.

Por eso anda de puntillas entre blanco y negro, jugando a ser bailarina;
porque no hay nada que su cabeza le impida.

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